22.5.05

La Santísima Trinidad: Éxodo 34:4-6, 8-9; 2 Corintios 13:11-14; Juan 3:16-18

En el Viejo Testamento, el Señor se hace presente y toma Israel como su pueblo. El Señor se identifica como compasivo, clemente, misericordioso, y fiel. Ya vemos la anticipación de la Encarnación descrita en el Evangelio de hoy: como ese mismo Dios compasivo tanto amó al mundo que entregó a su Hijo para salvar al mundo. No es cosa simplemente del creyente humano como sumiso a un Dios todopoderoso: es en realidad cosa de un creyente respondiendo al amor perfecto que nos da vida en abundancia. Es una invitación a todos a entrar en el amor que existe entre las personas de la Santa Trinidad como escribe san Pablo en la otra lectura de hoy: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes». Eso es la invitación a cada uno de nosotros: que entremos en la comuníon de la Trinidad. Y entrando en ese comunio [en latín], en esa koinonia [en griego], es también entrar en comunión con todos los otros creyentes que hacen lo mismo. Así lo tendremos todo en abundancia sin falta de nada.

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