30.5.05

El Cuerpo y La Sangre de Cristo: Deuteronomio 8:2-3, 14-16; 1 Cor. 10:16-17; Juan 6:51-58

En esta fiesta vemos el núcleo del catolicismo. En Deuteronomio, Moisés presenta la experiencia de Israel en el desierto. Ahí aprendieron que todo depende de Dios, no en los propios esfuerzos y planes de la humanidad. Tuvieron que vivir del maná. Solo Dios pudo resolver las exigencias del desierto.

San Pablo describe el maná nuevo que ahora nos une con Dios mismo: unidos a Cristo por medio de su sangre y de su cuerpo en vino y pan. Pablo también enseña que la unidad de los cristianos surge de compartir de este mismo pan. No podemos nosotros unirnos a Dios por medio de meros esfuerzos humanos. No podemos conseguir la unidad por medio de meras discusiones y actividades humanas. La unión profunda con Dios y con vecino viene solamente del mismo pan que comemos, el pan que es el cuerpo verdadero de Cristo.

En el Evangelio, Cristo lo dijo primero: para tener vida tenemos que recibir y comer y beber el cuerpo y la sangre de Cristo. Estos son dichos claves para el Catolicismo. El protestantismo no sabe que hacer con estas palabras tan claras y escandalosas de Jesucristo. Por eso tratan de transformar estas palabras en un sentido puramente intelectual en cual la fe del hombre lo consigue todo. Pero esto es, irónicamente, una concepción de fe como algo logrado por el hombre por sus propios esfuerzos, en contraste con la retórica protestante. La verdad es que la fe que salva, la única fe que de veras depende solamente en la gracia total de Dios es la fe eucarística que recibe a Cristo en el pan y el vino hecho cuerpo y sangre. Esa fe eucarística es la fe que depende totalmente en el favor y el don de Dios por la salvación--el mismo tipo de fe que se mostró con Israel en el desierto por cuarenta años.

1 comentario:

Clickbank Mall dijo...

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