13.4.05

Tercer Domingo de Pascua: Hechos 2:14, 22-23; 1 Pedro 1:17-21; Lucas 24:13-35

La Resurrección de Cristo fue un hecho que requiere una tumba vacía. Asi lo dice san Pedro en su sermon en la lectura de los Hechos de los Apóstoles cuando compara la tumba del rey David donde vio corrupción el cuerpo de David y la tumba vacía de Jesús. Como dice Pedro, el cuerpo de Jesús no vio corrupción. La tumba vacía combinada con los encuentros reales de los apóstoles con el Jesús resucitado son los fundamentos de nuestra fe. En la primera carta de Pedro también Pedro apunta el papel clave de la Resurrección de Cristo. En el Evangelio de hoy, aparece Jesús a los dos discípulos caminando a Emaús y acaba comiendo con ellos. Tenemos la combinación que nos asegura que nuestra fe no es algo vano: el mismo Jesús que fue crucificado resucitó, se vació su tumba, y apareció como persona real a sus discípulos.

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