5.12.04

2o Domingo de Adviento: Isaías 11:1-10; Romanos 15:4-9; Mateo 3:1-12

Se habla hoy del Reino de Dios. Isaías nos da un retrato maravilloso de la paz y la armonía honda de ese reino.Es una paz tan radical que los que eran enemigos ya no serán enemigos. Hasta la naturaleza misma no será de ninguna manera amenaza al hombre. Tendremos un rey lleno del espíritu de sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, piedad, y temor de Dios.

Estos son los dones del Espíritu Santo, las disposiciones de nuestra humanidad renovada que abren el camino a los frutos o perfecciones del Espíritu Santo: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí (Gálatas 5:22-23). Por medio del Espíritu Santo, hoy mismo los cristianos participan en ese reino descrito por el profeta.

En la carta a los romanos, san Pablo describe a la comunidad cristiana disfrutando de los frutos del Espíritu Santo. Precisamente en esa comunidad nueva, en esa Israel Nueva, se ve el Reino de Dios prometido a los patriarcas. El reino mesiánico del Antiguo Testamento ya se encuentra en la comunidad cristiana.

En Mateo, se habla de san Juan el Bautista que anuncia que está cerca el Reino de Dios. Este profeta del Nuevo Testamento condena a los fariseos y saduceos que no cambian su modo de vivir, que no dan evidencia en sus vidas de la transformación del Espíritu Santo que vendrá en su plenitud por medio de Jesús. Por medio de la renovación del Espíritu Santo se inaugura el Reino de Dios ya en este mundo.

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