9.5.04

Quinto Domingo de Pascua: Hechos 14:21-27; Juan 21:1-5; Juan 13:31-33, 34-35

Las lecturas de hoy nos hablan de la transformación del mundo. En la lectura de los Hechos de los Apóstoles, Pablo y Bernabé hacen el trabajo de obispos y evangelistas que transforma el mundo por medio del Evangelio. Son obispos porque supervisan a las nuevas iglesias que fundan y designan los presbíteros en cada nueva iglesia. La idea que en la Iglesia primitiva no había un obispado y un sacerdocio es completamente errónea. Aquí tenemos a Pablo y Bernabé tomando claramente el papel de obispos supervisando a las nuevas iglesias. Los presbíteros son los asistentes y delegados de Pablo y Bernabé. Hoy día sigue la realidad que los presbíteros o sacerdotes parroquiales asisten al obispo de cada comunidad. Y acuérdense que anteriormente Lucas describe la ordenación de Pablo y Bernabé en Hechos 13:1-3. Está funcionando en la Iglesia primitiva el sacramento de Orden Sagrado.

En la lectura del Apocalipsis, san Juan tiene una visión de un cielo nuevo y una tierra nueva. Baja la nueva Jerusalén que tiene por fundación la obra evangélica de los doce apóstoles de donde surgen los obispos y presbíteros actuales de la Iglesia (Apocalipsis 21:14). La transformación del mundo se funda en la misión apóstolica.

En el Evangelio de san Juan, Jesús nos da su nuevo mandamiento: que se amen los unos a las otros. Este nuevo mandamiento es la manera por cual se transformará el mundo.

En resumen, vemos en la lectura de los Hechos que los obispos y presbíteros son los que inician la transformación evangélica del mundo, vemos en la lectura del Apocalipsis que la transformación cósmica se funda en ese trabajo apóstolico, y vemos en el Evangelio que el amor, llamado agape en el griego del Nuevo Testamento, es la manera distintiva de esa transformación.



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