16.11.03

Trigésima Semana: Daniel 12, 1-3; Hebreos 10, 11-14.18; Marcos 13, 24-32

El profeta Daniel nos habla de Miguel, el arcángel, al cual se refiere en el Nuevo Testamento (Épistola de San Judas 9). Daniel describe «un tiempo de angustia» (traducción del Misal Romano Diario).

En la Épistola a los Hebreos, el escritor paulino habla de Cristo que se sentó «a la derecha de Dios» hasta «que sus enemigos sean puestos bajo sus pies.»

En el evangelio, San Marcos transmite un discurso complejo de Jesucristo sobre los mismos temas escatalógicos. Jesucristo describe las tribulaciones que llegarán antes de la venida en gloria del Hijo del hombre. Es un discurso complicado porque se reunen en un solo discurso referencias a la llamada «crisis mesiánica» (la crucifixión, muerte, y resurrección de Cristo seguida después por su ascensión al cielo y la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70) y referencias al fin del mundo propio.

Por eso, Cristo dice que la generación que lo escucha no pasará sin ver la gloria del Hijo del hombre. Esta gloria es la gloria del Misterio Pascual de la muerte y resurrección de Cristo.

También Cristo dice que ni el Hijo conoce el dí­a o la hora de llegada del Hijo del hombre sobre las nubes. ¿Si Cristo es, como creemos, Dios y uno con el Padre, cómo es que no sabe el dí­a o la hora? En la tradición cristiana se responde con la enseñanza que no es una ignorancia esencial pero una ignorancia «económica» por cual Jesús en su ministerio en el mundo difiere a la autoridad del Padre el dí­a y la hora del fin del mundo (vea Hechos 1, 7). Es una ignoriancia «económica» en el sentido que existe para cumplir la voluntad y el plan salvador del Padre en la historia humana. Pero queda la integridad de la enseñanza que, como Dios, Jesucristo tiene el mismo conocimiento que el Padre.

Al fin, el mensaje central de estos textos es que tenemos que estar alertos para ver la llegada de Cristo en las crisis de nuestras vidas como la generación que vió la destrucción del templo en Jerusalén. Más importante es que tenemos que estar alertos para la llegada final de Cristo cuando se acabe el mundo.

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