9.11.03

Dedicación de la Basílica de Letrán: Ezequiel 47, 1-2.8-9.12; Corintios 3, 9-11.16-17; Juan 2, 13-22

La Basílica de Letrán es la catedral del Papa en Roma y la iglesia llamada "Madre y Cabeza de todas las iglesias de Roma y del mundo," según el Misal Romano Diario publicado por la casa editorial estadounidense Our Sunday Visitor. Esta fiesta celebra nuestra unión con el Papa como obispo de Roma y también como nuestro pastor y obispo universal. Tenemos una relación directa con el Papa que es nuestro pastor igual que el obispo diocesano y el pastor parroquial. La única diferencia es que el Papa tiene el pastorado supremo.

El profeta Ezequiel proclama una visión del templo de Dios de donde surge un río que da vida abundante a todos y que sanea el mar. Igualmente, si estamos en comunión con el Papa, el obispo de Roma donde tenemos nuestro templo principal, tomaremos del río de su enseñanza que nos dará vida abundante.

En su carta a los corintios, San Pablo nos anuncia que cada uno de nosotros es un templo de Dios y del Espíritu Santo. El Papa Juan Pablo II ha enseñado constantemente sobre la llamada teología del cuerpo, una teología que es más nada que una exploración del mensaje de San Pablo que nuestros cuerpos son templos de Dios. Por eso San Pablo habla en el sexto capítulo de la misma carta sobre la necesidad de rechazar la inmoralidad sexual porque es violación del templo de Dios. Si escuchamos este mensaje del Papa, tendremos vida abundante porque glorificaremos a Dios con nuestros cuerpos que pertenecen a Dios. Por eso se puede decir que la inmoralidad sexual es un sacrilegio.

En el evangelio, Jesús les dice a los judíos que él levantará en tres días al templo destruido. Obviamente se refiere a su resurrección física. Esa resurrección fisíca verifica que nuestros cuerpos pertenecen a Dios, como dice San Pablo. San Pablo también se refiere a la resurrección fisíca como prueba que nuestros cuerpos fueron hechos para la santidad y no para la inmoralidad.

Desde el templo principal de Roma, la iglesia del obispo de Roma, el Papa, viene una enseñanza de vida abundante: nuestro cuerpo es el templo de Dios. Con esa enseñanza, usaremos nuestros cuerpos para cooperar con Dios en fundar familias físicas y espirituales, y no gastaremos nuestros cuerpos en la esterilidad de la inmoralidad.

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