12.10.03

Domingo, Vigésima Octava Semana: Sabidurí­a 7, 7-11; Hebreos 4, 12-13; Marcos 10, 17-30

El tema de las lecturas de hoy es la Palabra de Dios. En el libro de la Sabidurí­a (un libro rechazado por los protestantes contrario a la práctica de la Iglesia primitiva), Salomón alaba a la Sabidurí­a como una mujer y esposa ideal. En Sabidurí­a 7, 11, se refiere a las "incalculables riquezas" de la Sabidurí­a. En los versos 22 a 30 del mismo capí­tulo, Salomón da su elogio a la Sabidurí­a incluyendo estas palabras: "Es un soplo del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente; por eso, nada contaminado le afecta. Es reflejo de la luz eterna, espejo inmaculado de la actividad de Dios e imagen de su bondad" (Sb. 7, 25-26). ¿Quién no puede ver aquí­ referencia misteriosa a la Virgen Marí­a que fue cubrida por la sombra del Espí­ritu Santo que es un soplo del poder de Dios (vea Lc 1, 35) y que fue concebida como la inmaculada? Es la misma María quien llamamos "trono de Sabiduría" en nuestras oraciones. Lo que en el Viejo Testamento se habla en oscuridad, se va a la luz clara en la Encarnación de Cristo. Por tal referencia mariana, no sorprende que el protestantismo se siente incómodo con la presencia del libro de la Sabidurí­a en las Escrituras de la iglesia primitiva.

En la carta a los hebreos, el autor paulino nos habla de la palabra de Dios a referencia a las Escrituras, notando que la palabra de Dios penetra y abre los "sentimientos y pensamientos del corazón" (Hb. 4, 12). Este testimonio al poder discerniente de las Escrituras es una invitación al lectio divina o la "lectura divina" en cual se leen las Escrituras en oración y contemplación. En nuestras vidas cotidianas nos naturalmente interesa las últimas noticias en los periódicos y hasta en el "internet." Pero la noticia cotidiana más clave y penetrante viene de la lectura cotidiana de las Escrituras en un espíritu de oración. Con esa noticia bíblica, entonces se puede navigar la abundancia de noticias que recibimos de los medios de comunicación.

En el Evangelio, Jesús le cita al hombre rico los mandamientos de Dios contenidos en las Escrituras del Viejo Testamento, pero como la misma Palabra de Dios Jesús con autoridad añade a las Escrituras su propio mandamiento al hombre rico: que deje sus riquezas materiales para seguir a Jesús. El hombre rico, encadenado por sus riquezas materiales, no acepta el llamamiento de Jesús. Nosotros hoy tenemos estas mismas palabras de Jesús y sus otras enseñanzas en la palabra de Dios que es el Nuevo Testamento que repite la misma llamada personal que Jesús le hizo al hombre rico. Conociendo la verdad de la tumba vacía y de la Resurrección de Cristo, no debemos de ignorar el llamamiento.

En resumen, las lecturas de hoy nos presentan a Jesús, la Palabra de Dios, nacido de María, trono de Sabiduría que nos da "incalculables riquezas," llamandonos a contemplar la palabra de Dios en las Escrituras para obtener "tesoro en el cielo" (Mc 10, 21).

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