31.8.03

Vigésima Segunda Semana: Deuteronomio 4, 1-2.6-8; Santiago 1, 17-18.21-22.27; Marcos 7, 1-8.14-15.21-23

En Deuteronomio, Moisés le proclama a Israel que guardar la Ley de Dios será "vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los demás pueblos" (Dt. 4, 8). En el evangelio, Jesús indica fuertemente a los fariseos que lo que contamina al hombre son "las intenciones malas" que salen del corazón (Mc 7, 21), no la falta de observar las tradiciones de los hombres (Mc 7, 8).

Estas dos lecturas se pueden relacionar a la luz de la lectura de la Carta de Santiago. Santiago declara que la "religión pura e intachable" consiste en ayudar a los pobres y en "conservarse incontaminado del mundo" (St 1, 27). La Carta de Santiago le da énfasis a guardar los mandamientos de Dios para evitar la contaminación del mundo, igual como da Moisés en Deuteronomio y Jesús en el evangelio. Estos mandamientos de Dios son diferentes que las tradiciones de los hombres, como también indica Jesús en el evangelio.

En el ambiente judío religioso de Jesús y Santiago, se destacaban los hombres por medio de guardar las reglas externas de la religión. Jesús y Santiago proponen una nueva base para evaluar a los hombres: el cumplimiento de los mandamientos de Dios con todo el corazón. Ese cumplimiento que sale del corazón es lo que verdaderamente destaca a los hombres y los pueblos, como dice Moisés, "a los ojos de los demás pueblos" (Dt. 4, 8).

Al contrario, en nuestras sociedades que son más seculares e irreligiosas que el ambiente judío de la Biblia, tenemos más abiertamente la tendencia de evaluar a la gente no a base de las observancias religiosas pero a base del poder, la fama, o el dinero. Estas lecturas nos llaman a evaluarnos y a evaluar a otros no a base de estas tradiciones o costumbres de las sociedades humanas pero a base del cumplimiento de los mandamientos de Dios.

En el segundo capítulo de Santiago, vemos la condenación explícita de esta tendencia de juzgar a la genta por cosas meramente externas como el dinero. En ese capítulo, Santiago declara que los que favorecen a los ricos sobre los pobres se hacen "jueces con criterios malos" (St. 2, 4). Igualmente, en el evangelio, Jesús declara que lo que contamina al hombre son las "intenciones malas" que salen del corazón. Estos criterios malos y estas intenciones malas surgen por nuestro abandono de los mandamientos de Dios como el único criterio legítimo de distinguir entre los hombres.

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