6.7.03

Domingo de la Decimocuarta Semana: Ezequiel 2, 2-5; 2 Co. 12, 7-10; Marcos 6, 1-6

Las Escrituras de este domingo nos manifiestan el criterio divino para el éxito del creyente en este mundo. El Señor manda al profeta Ezequiel a los israelitas para hablarles en el nombre del Señor y le indica el criterio divino para el profeta: "Y ellos [los israelitas], escuchen o no escuchen, ya que son casa rebelde, sabrán que había un profeta en medio de ellos" (Ez. 2, 5). No es importante para el éxito de la misión del profeta si lo escuchen. Lo que es importante es que el profeta cumple la misión que el Señor le ha entregado.

Igualmente, vemos el Apóstol Pablo declarando dramaticamente en la Segunda Epístola a los Corintios que en su debilidad manifestada en los insultos y rechazos que ha sufrido en sus viajes misioneros se ve el poder de Dios. Pablo declara: "Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte" (2 Cor. 12, 10). En la debilidad del creyente se manifiesta el poder de Dios. En el rechazo al evangelio se manifiesta la verdad del evangelio. Por esto, el criterio esencial del creyente es fidelidad al mensaje de Dios y no popularidad con la sociedad.

En el evangelio, Jesucristo mismo es rechazado por su propio pueblo de Nazaret. El rechazo de Nazaret es tan grande que el Señor "se maravilló de su falta de fe" (Marcos 6, 6a). Pero como el profeta Ezequiel y como su Apóstol, el Señor continuó su misión recorriendo "los pueblos del contorno enseñando" (Marcos 6, 6b).

Para nosotros es claro que tenemos que perseverar con fidelidad en la proclamación de la verdad cristiana aunque resulte en insultos y rechazos. En esos mismos insultos y rechazos se confirma la verdad del mensaje, la verdad que es el poder de Dios.

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