15.6.03

La Santísima Trinidad: Deuteronomio 4, 32-34.39-40; Romanos 8, 14-17; Mateo 28, 16-20

La Solemnidad de la Santísima Trinidad nos expone el corazón literal de la doctrina cristiana. Hoy en día la gran mayoria de los que se llaman cristianos, sean católicos, protestantes, pentecostales o de las iglesias orientales, afirman que hay tres personas, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, en un solo Dios todopoderoso. El bautismo en el nombre de la Trinidad nos une con millones afuera de la Iglesia Católica. La Iglesia enseña que tal bautismo común crea una relación imperfecta e incompleta pero todaví­a verdadera para cada unos de estos millones con la Iglesia Católica. Es ciertamente un milagro que tantos, a pesar del desarollo de tantas diversas doctrinas y costumbres, han mantenido la fe en la Trinidad. Por cierto podemos decir que esta solemnidad que celebaramos hoy es una celebración profundamente ecuménica.

En Deuteronomio, vemos la proclamación de Dios todopoderso "alla arriba en el cielo, y aquí­ abajo en la tierra" (Dt 4, 39). Igualmente oimos las palabras del Jesús resucitado a los apóstoles: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra" (Mt 28, 18). Jesús es igual a ese mismo Dios todopoderoso proclamado en la Torá que domina el cielo y la tierra. En su Carta a los Romanos, San Pablo entonces nos habla del Espíritu de Dios que nos permite "exclamar: ¡Abbá, Padre!" (Rm 8, 15) juntos con Cristo el Hijo de Dios (Rm 1, 1-4). Y finalmente con las palabras del formulario bautismal Jesucristo proclama juntos: Padre, Hijo y Espíritu Santo (Mt 28:19). Las Escrituras nos gritan de la Trinidad, aunque tomó varios siglos para que la Iglesia hablara con precisión sobre las relaciones de las personas de la Trinidad. Pero como católicos también creemos que ese proceso de expresar con más precisión el misterio de la Trinidad fue producto del mismo Espíritu Santo que forma parte de la Trinidad bíblica.

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