22.6.03

El Cuerpo y La Sangre de Cristo: Éxodo 24, 3-8; Hebreos 9, 11-15; Marcos 14, 12-16, 22-26

En el libro del Éxodo, Moisés "tomó la sangre, rocío con ella al pueblo y dijo: 'Ésta es la sangre de la Alianza que Yahvé ha hecho con vosotros, de acuerdo con todas estas palabras' ". Las palabras que habían oído eran los mandamientos y las normas del Señor.

La sangre usada por Moisés para ratificar la Alianza con el Señor era la sangre de animales sacrificados en un altar "con doce estelas por las doce tribus de Israel". En el evangelio, vemos la preparación de la cena pascual que Jesús comerá con los doce apóstoles. La mesa de la cena pascual será el nuevo altar con "doce estelas" nuevas que serán los doce apóstoles. En esa cena, Jesús proclamará con palabras que recuerdan a las mismas usadas por Moisés: "Ésta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos" (Marcos 14, 24). Este nuevo sacrificio, ya no de animales pero del único Hijo de Dios, ocurre después que han recibido los apóstoles los nuevos mandamientos de Dios durante el ministerio público de Jesucristo.

En la Epístola a los Hebreos, se celebra la mayor potencia de la sangre de Cristo comparada con la sangre de los animales sacrificados bajo la vieja alianza: "¡cuanto más la sangre de Cristo . . . purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto al Dios vivo!" (Hebreos 9, 12).

Esto es lo que celebramos con alegría hoy: que estamos purificados por la sangre de Cristo "consiguiendo una liberación definitiva" (Hebreos 9, 12). La nueva alianza es definitiva porque vino por el sacrificio del Hijo de Dios. Nos trae la liberación de la muerte que es producto del pecado. Y con esta purificación empezamos a vivir aun en la tierra en el reino nuevo de Dios que será realizado completamente cuando este mundo material será convertido a una nueva creación al fin de la historia.



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