28.12.03

La Sagrada Familia: 1 Samuel 1, 20-22.24-28; 1 Juan 3, 1-2.21-24; Lucas 2, 41-52

La Sagrada Familia es un ejemplo poderoso para nuestras familias: un ejemplo de lealtad, cooperación, responsabilidad, obediencia, y castidad. Pero también la fiesta de la Sagrada Familia nos indica que nuestra verdadera familia es una familia divina. Los lazos que nos unen a nuestras familias terrenas son importantes, pero la filiación mas importante es la filiación que tenemos como hijos e hijas de Dios.

En la lectura sobre Ana y Samuel, tenemos el reconocimiento que en cierto modo el padre de Samuel es Dios quien respondió a la petición de Ana por un hijo. Nota que el esposo de Ana, Elcaná, queda marginalizado. Ana toma la iniciativa de ir a entregar Samuel a Elí en el templo para servir a Dios por vida. Esta lectura prefigura el evento único de la concepción virginal de Jesús, el hijo único de Dios.

En el salmo responsorial también se habla de vivir, no en la casa de Israel o de David, pero en la casa de Dios (Salmo 83). En la Primera Carta de San Juan, el apóstol nos anuncia que actualmente somos «hijos de Dios».

Este tema de nuestra filiación con Dios se manifiesta en la filiación única de Jesús con el Padre en el Evangelio. José y María encuentran al joven Jesús en el templo, en la casa de su Padre. Estos temas nos indican que, aunque nuestros lazos familiares son importantes, el lazo más importante es que somos hijos de Dios, que nuestro hogar verdadero es la casa o templo de Dios, que nuestro padre verdadero es Dios, que nuestro hermano verdadero es Jesucristo, y que nuestra familia más significante es la comunión de los santos. En otro punto en su ministerio, Jesús aclara que en el cielo no existe el matrimonio. Asi vemos que nuestra verdadera familia eterna será algo diferente de lo que tenemos en este mundo. Por eso a veces, en algunos casos dificiles, hasta es necesario romper ciertos lazos familiares que interfieren con la voluntad de Dios porque nuestra familia más significante e importante es la familia que se reune alrededor de la familia divina que es la Trinidad. Somos primero hijos de Dios y nunca debemos de olvidarlo.

21.12.03

Último Domingo de Adviento: Miqueas 5, 1-4; Hebreos 10, 5-10; Lucas 1, 39-45

La humildad de una semilla o grano que acaba en grandeza es un tema profundo y extenso en las Escrituras, sea en el Viejo o en el Nuevo Testamento, consumido en la parábola del grano de mostaza de Jesucristo (Lucas 13, 19).

El profeta Miqueas transmite lo que le dice el Señor: que de «Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá» vendrá el rey de Israel. Belén, la ciudad de David, pequeña y humilde como David mismo quien, aunque de ser el mas insignificante de sus hermanos, fue elegido como rey. También Miqueas habla que «el Señor abandonará a Israel, mientras no dé a luz la que ha de dar a luz». La que ha de dar a luz es, como opinan los comentaristas de La Biblia Nueva de Jerusalén, «la madre del Mesías . . . . Miqueas piensa quizá en el oráculo» de Isaías 7,14. En ese oráculo, Isaías habla de la doncella o muchacha que será la madre del Mesías. En la versión griega del Antiguo Testamento se traduzco la palabra hebrea «muchacha» por la palabra «virgen». Los mismos comentaristas notan que esa traducción «es un testimonio de la interpretación judía antigua, consagrada por» San Mateo (Mt. 1,23) que aplica esa profecía a la Virgen María.

En la Carta a los Hebreos, San Pablo nos habla del cuerpo de Cristo por cuyo sacrificio «quedamos santificados». En la misma carta (Hb 7), Pablo muestra que Jesucristo es el Sumo Sacerdote, eterno y divino, en la linea de Melquisedec (Génesis 14, 18). Es el Sacerdote que ofrece el Sacrificio Eterno de su cuerpo, el mismo cuerpo nacido en la aldea humilde de Belén en circunstancias de gran humildad.

En el Evangelio, tenemos a María, la muchacha virgen y humilde, visitando a Isabel que la saluda con las palabras que ahora rezamos en el Santo Rosario: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!» La humilde María, una muchacha, es la escogida por el Señor para recibir la semilla divina por medio del Espíritu Santo. María responde al saludo de Isabel con su Cántico de gracias al Señor por haber escogido su esclava humilde para salvar a Israel (Lc 1, 46-55). En ese Cántico, María, como la primera cristiana, participa en la primera acción de gracias eucarística al recibir el cuerpo de Jesucristo en su vientre por medio del Espíritu Santo. Ella responde plenamenta a Jesucristo, el divino y eterno Sumo Sacerdote, que ofrece su cuerpo al mundo por medio del Espíritu Santo. Belén, María, la semilla: todos de génesis humilde pero de todos estos vendrá el rey del universo, Jesucristo.

14.12.03

Domingo «Gaudete»: Sofonías 3, 14-18; Filipenses 4, 4-7; Lucas 3, 10-18

¡Que felicidad! Estamos salvos. El profeta Sofonías nos manda a cantar, da gritos, gozar, regocijar.
¿Porqué? Porque el Señor «ha expulsado a todos tus enemigos».

En el salmo de hoy, el profeta Isaías, llamado el «quinto evangelista», también nos anuncia la razón: «El Señor es mi Dios y salvador, con él estoy seguro y nada temo».

San Pablo nos da un nuevo mandamiento: «Alégrense siempre en el Señor; se lo repito: ¡alégrense!» En el griego original, esta orden imperativa denota que es una acción que se tiene que repetir siempre, en cada ocasión. No es una celebración que se limita a una instancia.

San Juan Bautista eleva la exitación del pueblo cuando les dice que vendrá alguien quien «los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego».

Seremos obedientes. Nos alegramos hoy y siempre que ha llegado y va llegar la salvación. Todos nuestros enemigos, incluso la muerte, están derrotados.

7.12.03

Segunda Semana de Adviento: Baruc 5, 1-9; Filipenses 1, 4-6.8-11; Lucas 3, 1-6

La primera lectura es del profeta Baruc, otro libro bíblico despojado de la Biblia por el protestantismo aunque los padres de la Iglesia, como Atenagoras, San Ireneo, y Clemente de Alexandria lo consideraban como libro inspirado por Dios (vea Antonio Fuentes, Que Dice La Biblia [Pamplona: Ediciones Universidad de Navarra, 1983], sobre Baruc). Otras fuentes académicas indican que Baruc representa la situación de los judíos en la diáspora en el siglo antes de la venida de Cristo. De todo modo, Baruc nos indica la esperanza mesiánica que anticipa el Nuevo Testamento.

Por cuenta mía, se encuentra la palabra «gloria» cinco veces en la lectura de Baruc. ¿Qué es la gloria? Un diccionario propone el sentido de lo que «ennoblece o ilustra». Baruc habla de la gloria que es nuestro destino prometido por Dios. En esta gloria, nuestra humanidad estará elevada e ilustrada en toda nobilidad por la gracia de Dios. La ansia por el Mesías surge por nuestra hambre para satisfacer nuestra humanidad en la nobleza completa.

En el Evangelio, San Juan Bautista predica sobre «las predicciones del profeta Isaías» que todo será reparado, recto, rellenado, y derecho cuando llegará la salvación de Dios. Todos los defectos de nuestra presente humanidad seran reparados. Y esto será la salvación de Dios.

San Pablo también nos habla de la gloria, de nuestro destino de dar gloria a Dios. Pablo nos dice que si siguen creciendo nuestro amor, conocimiento, y sensibilidad espiritual llegaremos «limpios e irreprochables al día de la venida de Cristo . . . para gloria y alabanza de Dios». La gloria nuestra será la gloria de Dios.

Por esta razón, el padre de la Iglesia, San Ireneo (130-200 A. de C.) es famoso por su refrán que la gloria de Dios es el hombre viviente o plenamente vivo (Gloria Dei vivens homo)-- uno de los mismos padres de la Iglesia que testifica por la inclusión del profeta Baruc en el canon bíblico.

30.11.03

Primera Semana de Adviento: Jeremí­as 33, 14-16; 1 Ts 3, 12 - 4, 2; Lucas 21, 25-28.34-36

Ya viene el Señor. Viene hoy si declaramos que él es la única esperanza que tenemos en esta vida. Eso es lo que se llama la «escatología realizada». En esta venida, Cristo entra en las entrañas de nuestro ser que se abre en arrepentimiento y conversión continua. También viene en la hora desconocida de la muerte de cada uno que lee estas palabras. En esa hora tendremos un encuentro con Cristo quien nos juzgará en un juicio particular. Al fin de este mundo, los muertos serán resucitados y todos serán juzgados por Cristo en el juicio general. Y también viene Cristo en el recuerdo de la Encarnación que es el evento clave de la historia mundial, la precondición de todas estas venidas.

Estos son todos los aspectos de Adviento, de la Venida de Cristo, y los vemos en las Escrituras. El profeta Jeremías apunta a la Encarnación cuanda predice el rey «del tronco de David». También apunta a la Segunda Venida de Cristo cuando inaugurará su reino final de justicia total. San Pablo en la Primera Carta a los Tesalonicenses nos advierte que estemos preparados con «corazones irreprochables» para el día en que venga Jesucristo. En el Evangelio, Cristo mismo nos urge que estemos despiertos y alertos para su llegada que «caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra».

Todos estos aspectos de la Venida de Cristo surgen de la revelación bíblica. Para ser fieles a esa revelación, tenemos que tener todos estos aspectos de la Venida de Cristo presentes en nuestras vidas: el recuerdo de la Encarnación histórica, la venida de Cristo en nuestros corazones (vea Lucas 17, 21), el encuentro con Cristo en la hora de la muerte (vea Lucas 23, 43), y la Segunda Venida de Cristo al fin del mundo. La visión católica incluye a todos estos aspectos bíblicos de la Venida de Cristo.

23.11.03

Cristo Rey: Daniel 7, 13-14; Apocalipsis 1, 5-8; Juan 18, 33-37

Nuestro rey es Jesucristo. El profeta Daniel anticipa el reino de Cristo en cual «todos los pueblos y naciones de todas las lenguas lo» sirven. En la Apocalipsis, San Juan llama al Cristo soberano «el testigo fiel.» En el evangelio, San Juan da énfasis a Cristo como rey de la verdad: «Yo nací­ y vine al mundo para ser testigo de la verdad.» Es San Juan también que nos dice en su primera epí­stola que Dios es amor (1 Jn 5, 8).

Jesucristo, nuestro Dios, es Verdad y Amor. Su soberaní­a y su poder son inseparables de la Verdad. Y la Verdad es inseparable del Amor. Nosotros a veces nos engañamos que el amor y la verdad se pueden separar y sustituimos una llamada compasión sin verdad por un amor verdadero. La compasión sin verdad es mentira, y la mentira no es compasión sino un fraude. El reino de Cristo se funda en su testimonio fiel a la verdad. Ese testimonio es amor. Se probó en la cruz.

No tenemos derecho de separar el amor de la verdad. Cuando lo hacemos, estamos atacando al reino de Cristo y quedaremos derrotados.

16.11.03

Trigésima Semana: Daniel 12, 1-3; Hebreos 10, 11-14.18; Marcos 13, 24-32

El profeta Daniel nos habla de Miguel, el arcángel, al cual se refiere en el Nuevo Testamento (Épistola de San Judas 9). Daniel describe «un tiempo de angustia» (traducción del Misal Romano Diario).

En la Épistola a los Hebreos, el escritor paulino habla de Cristo que se sentó «a la derecha de Dios» hasta «que sus enemigos sean puestos bajo sus pies.»

En el evangelio, San Marcos transmite un discurso complejo de Jesucristo sobre los mismos temas escatalógicos. Jesucristo describe las tribulaciones que llegarán antes de la venida en gloria del Hijo del hombre. Es un discurso complicado porque se reunen en un solo discurso referencias a la llamada «crisis mesiánica» (la crucifixión, muerte, y resurrección de Cristo seguida después por su ascensión al cielo y la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70) y referencias al fin del mundo propio.

Por eso, Cristo dice que la generación que lo escucha no pasará sin ver la gloria del Hijo del hombre. Esta gloria es la gloria del Misterio Pascual de la muerte y resurrección de Cristo.

También Cristo dice que ni el Hijo conoce el dí­a o la hora de llegada del Hijo del hombre sobre las nubes. ¿Si Cristo es, como creemos, Dios y uno con el Padre, cómo es que no sabe el dí­a o la hora? En la tradición cristiana se responde con la enseñanza que no es una ignorancia esencial pero una ignorancia «económica» por cual Jesús en su ministerio en el mundo difiere a la autoridad del Padre el dí­a y la hora del fin del mundo (vea Hechos 1, 7). Es una ignoriancia «económica» en el sentido que existe para cumplir la voluntad y el plan salvador del Padre en la historia humana. Pero queda la integridad de la enseñanza que, como Dios, Jesucristo tiene el mismo conocimiento que el Padre.

Al fin, el mensaje central de estos textos es que tenemos que estar alertos para ver la llegada de Cristo en las crisis de nuestras vidas como la generación que vió la destrucción del templo en Jerusalén. Más importante es que tenemos que estar alertos para la llegada final de Cristo cuando se acabe el mundo.

9.11.03

Dedicación de la Basílica de Letrán: Ezequiel 47, 1-2.8-9.12; Corintios 3, 9-11.16-17; Juan 2, 13-22

La Basílica de Letrán es la catedral del Papa en Roma y la iglesia llamada "Madre y Cabeza de todas las iglesias de Roma y del mundo," según el Misal Romano Diario publicado por la casa editorial estadounidense Our Sunday Visitor. Esta fiesta celebra nuestra unión con el Papa como obispo de Roma y también como nuestro pastor y obispo universal. Tenemos una relación directa con el Papa que es nuestro pastor igual que el obispo diocesano y el pastor parroquial. La única diferencia es que el Papa tiene el pastorado supremo.

El profeta Ezequiel proclama una visión del templo de Dios de donde surge un río que da vida abundante a todos y que sanea el mar. Igualmente, si estamos en comunión con el Papa, el obispo de Roma donde tenemos nuestro templo principal, tomaremos del río de su enseñanza que nos dará vida abundante.

En su carta a los corintios, San Pablo nos anuncia que cada uno de nosotros es un templo de Dios y del Espíritu Santo. El Papa Juan Pablo II ha enseñado constantemente sobre la llamada teología del cuerpo, una teología que es más nada que una exploración del mensaje de San Pablo que nuestros cuerpos son templos de Dios. Por eso San Pablo habla en el sexto capítulo de la misma carta sobre la necesidad de rechazar la inmoralidad sexual porque es violación del templo de Dios. Si escuchamos este mensaje del Papa, tendremos vida abundante porque glorificaremos a Dios con nuestros cuerpos que pertenecen a Dios. Por eso se puede decir que la inmoralidad sexual es un sacrilegio.

En el evangelio, Jesús les dice a los judíos que él levantará en tres días al templo destruido. Obviamente se refiere a su resurrección física. Esa resurrección fisíca verifica que nuestros cuerpos pertenecen a Dios, como dice San Pablo. San Pablo también se refiere a la resurrección fisíca como prueba que nuestros cuerpos fueron hechos para la santidad y no para la inmoralidad.

Desde el templo principal de Roma, la iglesia del obispo de Roma, el Papa, viene una enseñanza de vida abundante: nuestro cuerpo es el templo de Dios. Con esa enseñanza, usaremos nuestros cuerpos para cooperar con Dios en fundar familias físicas y espirituales, y no gastaremos nuestros cuerpos en la esterilidad de la inmoralidad.

2.11.03

Todos Los Fieles Difuntos: Isaías 25, 6.7-9; Romanos 5, 5-11; Marcos 15, 33-39;16, 1-6

El católico sigue obrando por sus familiares y amigos que han muerto. Por medio de la oración, el católico, siguiendo la costumbre de la iglesia primitiva, ora para asistir a los difuntos, pidiendo que lleguen a ver la cara de Dios. Creemos que después de la muerte muchos necesitan una purificación antes de ver la plenitud de Dios. Nuestras oraciones ayudan a los que están en ese proceso de purificación. Cuando ya lleguen a ver la cara de Dios, estos mismos difuntos, que hemos asistido con nuestras oraciones, ayudarán a los que quedamos todavía en la tierra. Esto es la comunión, los lazos, de los santos.

El profeta Isaías proclama que Dios "consumirá a la Muerte definitivamente" (Is. 25, 8). Esta profecia se cumplió en la Resurrección de Cristo anunciada por el joven vestido de blanco en la tumba vacía: "Ved el lugar donde lo pusieron" (Mc. 16, 6). Por eso, como dice San Pablo, "la esperanza no falla . . . ." (Rm. 5, 5). Y nuestra esperanza no falla por los fieles difuntos.

26.10.03

Domingo, Trigésima Semana: Jeremías 31, 7-9; Hebreos 5, 1-6; Marcos 10, 46-52

En las sociedades avanzadas del occidente, hay una tendencia, hasta legal en algunos paises, a mirar toda incapacidad e imperfección física como un defecto que roba a la vida de todo valor. Por eso vemos la tendencia a la eutanasia. La sociedad sin fe juzga que la vida débil e imperfecta no vale nada y por eso debe de ser eliminada para no imponer cargos al placer y a la conveniencia de los supuestos perfectos. Este tema encuentra su respuesta definitiva en las Escrituras que nos enseñan que el poder de Dios se manifiesta precisamente en los débiles e incapacitados.

El profeta Jeremías nos pinta un retrato dramático de la salvación de Israel. Esta salvación incluirá a los ciegos, los cojos, y a las mujeres encinta y que acaban de dar a luz ( Jr. 31, 8). Estos son por su condición física los vulnerables y débiles. Jeremías afirma que hasta estos son salvos y que Dios con solicitud por su debilidad los lleva "por camino llano, en que no tropiecen" (Jr. 31, 9).

En el Evangelio, Jesús sana al ciego Bartimeo, que aunque ciego, es el único que ve que Jesús es el Mesías, el Hijo de David (Mc 10,46-47). El ciego se levanta, brinca hacia Jesús, "arrojando su manto" (Mc 19, 50). Como comentó un cura en su homilía, el ciego era un mendigo que arrojó su única propriedad, el manto, para llegar a Jesús. Vemos al débil preparado a abandonar a todo lo poco que tiene porque está tan consciente de su necesidad de ser curado. Vemos la sabiduría del débil en su fe.

En la carta a los hebreos, el autor nos habla otra vez de Jesús como el sumo sacerdote llamado por Dios. Unos pocos versos siguiente a la lectura de hoy, el autor nos recuerda que Jesús llegó a la perfección por sus sufrimientos y su experiencia de la debilidad (Hb. 5, 7). Nuestro sumo sacerdote primero pasó por la experiencia de la debilidad y del sufrimiento.

Por eso, el creyente no se queda hipnotizado por la debilidad física del mismo o de otros. El creyente reconoce y confía en la promesa de Dios, la promesa de salvar con solicitud especial a los que son llamados débiles e imperfectos por el mundo. Esta promesa se confirma en que Jesús despues de su sufrimiento y de su experiencia de la debilidad humana resuscitó y llego a ser nuestro sumo sacerdote en el templo celestial. Por eso rechazamos la eutanasia que es en sí misma un rechazo a la voluntad salvadora de Dios.

19.10.03

Domingo, Vigésima Novena Semana: Isaí­as 53, 10-11; Hebreos 4, 14-16; Marcos 10, 35-45

El tema de estas lecuturas nos lleva al centro de la vida cristiana, al sufrimiento. El profeta Isaí­as nos habla del Siervo que sufre, que se hace sufrir por los otros, y nos da la promesa del Señor que él que se atreve a entregarse al sufrimiento "verá descendencia, alargará sus dí­as, y lo que plazca a Yahvé se cumplirá por su mano" (Is. 53, 10).

En la carta a los hebreos, el autor nos presenta Jesús como nuestro gran sumo sacerdote que puede "compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado"(Hb. 4, 15). Por esa identidad de Jesucristo con los sufirmientos de nuestra humanidad, nos podemos unir con su sacrificio eterno en la cruz.

En el evangelio, Jesús le responde a los apóstoles que piden lugares de honor en el reino de Cristo si están preparados a sufrir come él. Entonces les instruye a todos los apóstoles que él que quiera ser el más grande tendrá que ser el escavo de todos (Mc 10, 43-44). Otra vez el camino del sufrimiento se abre como la vía verdadera a la grandeza auténtica.

Por este modo, transforma Jesús la realidad inevitable del sufrimiento humano a un sacrificio lleno de significado eterno. Esta transformación se hace en la cruz. Por eso vemos el significado eterno de nuestros sufrimientos en este mundo en esa cruz, en el crucifijo. Al unir nuestros sufrimientos a la cruz de Cristo, entraremos en la vida descrita por el profeta Isaí­as, una vida en que veremos el fruto--la "descendencia"-- del sufrimiento nuestro.

12.10.03

Domingo, Vigésima Octava Semana: Sabidurí­a 7, 7-11; Hebreos 4, 12-13; Marcos 10, 17-30

El tema de las lecturas de hoy es la Palabra de Dios. En el libro de la Sabidurí­a (un libro rechazado por los protestantes contrario a la práctica de la Iglesia primitiva), Salomón alaba a la Sabidurí­a como una mujer y esposa ideal. En Sabidurí­a 7, 11, se refiere a las "incalculables riquezas" de la Sabidurí­a. En los versos 22 a 30 del mismo capí­tulo, Salomón da su elogio a la Sabidurí­a incluyendo estas palabras: "Es un soplo del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente; por eso, nada contaminado le afecta. Es reflejo de la luz eterna, espejo inmaculado de la actividad de Dios e imagen de su bondad" (Sb. 7, 25-26). ¿Quién no puede ver aquí­ referencia misteriosa a la Virgen Marí­a que fue cubrida por la sombra del Espí­ritu Santo que es un soplo del poder de Dios (vea Lc 1, 35) y que fue concebida como la inmaculada? Es la misma María quien llamamos "trono de Sabiduría" en nuestras oraciones. Lo que en el Viejo Testamento se habla en oscuridad, se va a la luz clara en la Encarnación de Cristo. Por tal referencia mariana, no sorprende que el protestantismo se siente incómodo con la presencia del libro de la Sabidurí­a en las Escrituras de la iglesia primitiva.

En la carta a los hebreos, el autor paulino nos habla de la palabra de Dios a referencia a las Escrituras, notando que la palabra de Dios penetra y abre los "sentimientos y pensamientos del corazón" (Hb. 4, 12). Este testimonio al poder discerniente de las Escrituras es una invitación al lectio divina o la "lectura divina" en cual se leen las Escrituras en oración y contemplación. En nuestras vidas cotidianas nos naturalmente interesa las últimas noticias en los periódicos y hasta en el "internet." Pero la noticia cotidiana más clave y penetrante viene de la lectura cotidiana de las Escrituras en un espíritu de oración. Con esa noticia bíblica, entonces se puede navigar la abundancia de noticias que recibimos de los medios de comunicación.

En el Evangelio, Jesús le cita al hombre rico los mandamientos de Dios contenidos en las Escrituras del Viejo Testamento, pero como la misma Palabra de Dios Jesús con autoridad añade a las Escrituras su propio mandamiento al hombre rico: que deje sus riquezas materiales para seguir a Jesús. El hombre rico, encadenado por sus riquezas materiales, no acepta el llamamiento de Jesús. Nosotros hoy tenemos estas mismas palabras de Jesús y sus otras enseñanzas en la palabra de Dios que es el Nuevo Testamento que repite la misma llamada personal que Jesús le hizo al hombre rico. Conociendo la verdad de la tumba vacía y de la Resurrección de Cristo, no debemos de ignorar el llamamiento.

En resumen, las lecturas de hoy nos presentan a Jesús, la Palabra de Dios, nacido de María, trono de Sabiduría que nos da "incalculables riquezas," llamandonos a contemplar la palabra de Dios en las Escrituras para obtener "tesoro en el cielo" (Mc 10, 21).

5.10.03

Vigésimo Séptimo Domingo del T.O.: Génesis 2:18-24; Hebreos 2:9-11; Marcos 10:2-16

Hoy el tema es el matrimonio, un tema que viene a propósito en estos tiempos en que el mundo quiere continuar cambiando la esencia del matrimonio. En primer lugar, vemos en la lectura de Génesis que fue Dios quien creó el matrimonio, no el hombre. Es una institución divina, no humana. También vemos que el matrimonio es esencialmente entre hombre y mujer. La mujer esta creada de la costilla del hombre. Cuando el primer hombre ve a la primera mujer, él reconoce que esta es "hueso de mis huesos y carne de mi carne" y se unen para ser "una sola carne" (Gen. 2:23, 24).

Por eso, la enseñanza católica es que el matrimonio puede ser solamente la unión de varón y mujer porque de esa maner se completan uno al otro. Es una unión complementaria en la cual se completan uno al otro. Esa complementaridad es imposible entre dos varones o entre dos mujeres, diga lo que diga la modernidad confusa y ciega.

La lectura de la Epístola a los Hebreos nos habla del sufrimiento de Cristo quien fue hecho perfecto en el sufrimiento "en su papel de santificador y salvador" (Nota editorial a Heb. 2:10 en la Nueva Biblia de Jerusalén). Nosotros también, especialmente en el matrimonio, tenemos que buscar la perfección mediante el sufrimiento en un amor sacrificial que imita al amor salvífico de Cristo.

En el Evangelio, Jesús le proclama a los fariseos el origen divino del matrimonio usando las mismas palabras leídas hoy en el libro de Génesis referiendose a la unión carnal del hombre y la mujer. Jesús también anuncia que el matrimonio es permanente e indisoluble: "Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre" (Marcos 10:8). Para mantener el cáracter indisoluble del matrimonio los esposos tienen que ser perfeccionados mediante el sufrimiento y el sacrificio celebrado en la lectura de Hebreos. Si rechazamos ser perfeccionados mediante el sufrimiento en un amor sacrificial y huimos con miedo el sufrimiento, llegaremos al divorcio y sus consecuencias graves a nosotros y a nuestros hijos.

También en el Evangelio de hoy, tenemos la historia de Jesús regañando a sus discípulos por impidir que los niños lleguen a él. Jesús les dice: "Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios" (Marcos 10:14). A primera vista esta historia no parece tener relación al tema del matrimonio. Hasta encontré un comentarista norteamericano que recomienda que no se lea hoy en la misa la versión larga de la lectura del Evangelio que incluye esta historia de Jesús y los niños. El comentarista notaba que el tema de los niños es una "distracción" del tema del matrimonio que predomina en las lecturas de hoy.

La observación del comentarista es absurda para quien tenga oidos para oir. El Concilio del Segundo Vaticano enseña que el matrimonio es ordenado para la procreación y la educación de los niños (Gaudium et Spes, 48). Por tal razón es perfectamente pertiniente que los versos en que Jesús da su enseñanza sobre el matrimonio sean seguidos por estos versos en que Jesús nos llama a recibir a los niños. Aquí se ve el origen de la enseñanza de la Iglesia que el acto matrimonial por cual el hombre y la mujer se hacen una sola carne tiene que siempre estar abierto a la vida nueva, a la posibilidad de dar vida a un niño. Por eso la condenación de los contraceptivos es una condenación evangélica y bíblica y no inventada por la Iglesia.

28.9.03

Vigésima Sexta Semana del T.O.: Números 11, 25-29; Santiago 5, 1-6; Marcos 9, 38-43.45.47-48

En el libro de Números, Moisés se alegra que el espíritu de Dios, el Espíritu Santo, ha caído no solamente sobre él mismo pero también sobre los ancianos de Israel. Los ancianos de Israel tenían el deber de hacer decisiones y de ayudar a gobernar el pueblo. Igualmente, hoy nosotros los católicos reconocemos que nuestros "ancianos," los presbíteros y los obispos unidos en comunión con el papa reciben los dones del Espíritu Santo. Es significante que la palabra "presbítero" que usamos para referir a nuestros sacerdotes es una traducción de la palabra hebrea usada para significar "anciano."

En el evangelio, Jesús como Moisés también se alegra que otros están curando en su nombre. Pero en la lectura de hoy, Jesús también exige mucho a sus discípulos. Primero, Jesús declara que a la persona que escandalice a los pequeños sería mejor que "le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar" (Mc 9, 42). Él que causa otro a pecar por mal ejemplo, por mal enseñanza, por el silencia aprovador sufrirá consecuencias graves. Tenemos que entender que no es solamente él que actualmente peca que será castigado, pero todo quien coopera en el pecado. Por eso tenemos obligación a nosotros mismos y a nuestros hijos de separarnos de los que aprueban el pecado, aunque sean miembros de nuestras mismas familias o amigos del pasado. Esa separación puede ser verbal o física dependiendo de las circunstancias evaluadas por medio de la oración que pide la prudencia dada por el Espíritu Santo.

Por eso, Jesús nos indica usando imagenes retóricos que tenemos que abandonar todo lo que nos impide entrar en el reino de Dios (Mc 9, 43-49). Todo deseo, todo enviciamento, toda amistad, hasta cada familiar tiene que ser evaluado bajo esta norma por medio de la oración. Nuestras ambiciones por poder, dinero, y lujuria tienen que ser cortadas y sacadas de nuestras vidas para entrar al reino de Dios.

Santiago repite esta enseñanza con énfasis en la ambición materialista. El cristiano tiene que seguir una vida de simplicida, no de lujo. El dinero que no necesitamos para un estilo de vida simple se tiene que usar para avanzar al reino de Dios por medio de ayuda a los pobres y ayuda a trabajos apóstolicos.

21.9.03

Vigésima Quinta Semana del T.O.: Sabiduría 2, 17-20; Santiago 3, 16 - 4, 3; Marcos 9, 30-37

Las lecturas de hoy nos comunican un mensaje verdaderamente explosivo que contradice los valores y la filosofía del mundo a riesgo de nuestras vidas. En el libro de la Sabiduría, Dios nos presenta dos modos de vida que están en guerra: el modo del injusto y el modo del justo. Antes de la lectura asignada, nos habla de la filosofía desesperada del injusto que no ve esperanza en frente de la muerte inevitable. En esa desesperación el injusto se entrega a una vida de egoísmo y de agresión: "[Q]ue ninguno de nostoros se pierda nuestra orgía, dejemos por todas partes huellas de la alegría . . . ." (Sb 2, 9a). Es un modo de vida que pisotea a los débiles y celebra la fuerza (Sb 2, 11).

La vida del justo es un insulto y reproche a los injustos porque los injustos saben y les molestan que el justo los considera "moneda falsa y . . . [los] evita como a apestados" (Sb 2, 16a). El justo los "fastidia" (Sb 2, 12a) y por esa planean la muerte del justo a ver si Dios lo rescatará.

Al contrario, en el Evangelio, Jesucristo nos propone un modo de vida completamente y radicalmente diferente: "Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos" (Marcos 9, 35b). Entonces Jesús toma un niño y les dice a los discípulos que él que reciba a tal niño en su nombre recibe a Jesús (Mc 9, 37a). Jesús pone como condición de la salvación el tratamiento de lo que es mas débil: el niño. En vez de la vida desesperado del injusto que adora la fuerza y desprecia la debilidad, la vida del cristiano es una vida de servidor a los mas débiles. En la lectura asignada de la Sabiduría, se describe como los injustos planean la muerte del justo a ver si Dios lo rescatará. Igualmente, Jesús describe a sus discipulos como él, el Justo de Dios, será matado en Jerusalén (Mc 9, 30-32).

En la Epístola de Santiago, vemos otra vez la realidad que la vida de los injustos, la vida de "envidia y ambición," acaba en "toda clase de maldad" (St 3, 16). Acabe en matar, en combate, en guerra. La violencia y la agresión son los metódos de los injustos que no tienen esperanza de Dios. Al contrario, los justos consiguen todo sus deseos por medio de la mano de Dios porque saben como pedirle a Dios todo lo que necesitan (cf. St 4, 3). Santiago repite el mensaje de las otras lecturas que "las guerras y las contiendas" proceden del egoísmo enfocado en los "deseos de placeres que luchan en vuestros miembros" (St 4, 1b).

14.9.03

La Exaltación de la Santa Cruz: Números 21, 4-9; Filipenses 2, 6-11; Juan 3, 13-17

En el Viejo Testamento, Moisés levanta la serpiente de bronce en un palo para curar a la gente sufriendo los castigos de su pecado (Nm 21, 9). El significado completo de este acto profético no se conoce hasta que Cristo mismo lo anuncia en el evangelio: "Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga en él la vida eterna" (Jn 3, 14-15). Pero hasta San Pablo no llegamos a conocer la significación plena de la cruz:
Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo: El cual, siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz.

Flp 2, 5-8 (Nueva Biblia de Jerusalén).

Aquí esta el secreto de la vida cristiana de todos nosotros: tenemos que sacrificarnos en humildad para resuscitar de nuevo. Como dijo nuestro Señor: "Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará" (Lucas 9, 24). Esta verdad profunda y central se repite en cada Eucaristía. En cada misa, vemos el cuerpo roto y la sangre derramada por nosotros. La Eucaristía, el Sacrificio de la Santa Misa, nos llama a imitar a este sacrificio en nuestras vidas. Como dijo un escritor británico, tenemos que volvernos en "pan roto y vino derramado" para salvarnos y para avanzar la salvación del mundo. Los que han vivido la vida cristiana entre los conflictos y el sufrimiento de este mundo bien conocen la necesidad de convertir en esta manera a nuestras vidas en vidas verdaderamente eucarísticas.

7.9.03

Vigésima Tercera Semana del T.O.: Isaías 35, 4-7; Santiago 2, 1-5; Marcos 7, 31-37

El profeta Isaías nos da una visión escatológica de la intervención del Señor en la historia de su pueblo. En esa intervención, los ciegos verán, los sordos oirán, los cojos saltarán, y los mudos gritarán (Is. 35, 5-6). Como nos dicen los comentaristas, en Isaías, Dios es el Señor de la historia que controla los destinos de naciones y de toda gente. En el evangelio de hoy, la gente "se maravillaban sobremanera y decían: 'Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos' " (Mc. 7, 37).

¿Que aprendemos sobre Jesús cuando oímos estas dos lecturas? Aprendemos que Jesús es el mismo Señor de la historia proclamado en Isaías. Vemos que Jesús es el agente de la acción salvadora de Dios. Por eso, el credo mas primitivo de la cristiandad es la proclamación: "Jesús es Señor." En el evangelio de Juan, se declara explícitamente que Jesús es Dios (Jn 1, 1).

¿Que aprendemos sobre nuestra situación como humanos? Aprendemos que nuestro deseo natural por la perfección será satisfecha. En contra a las filosofías ateas y agnósticas del mundo, el cristiano afirma un optimismo sobre el proyecto humano que acabará en una transformación de nuestros cuerpos y nuestras mentes a la perfección. La prueba de este optimismo cósmico es la Resurrección de Cristo, confirmada históricamente en la tumba vacía y en las apariencias de Cristo a sus discípulos.

En la carta de Santiago, el apóstol nos obliga a rechazar el favoritismo a los ricos y a honrar a los pobres. Esta preferencia por los pobres está basada en la misma fe escatológica que hemos visto en las otras lecturas de hoy: "¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman?" (St. 2, 5). La creencia cristiana en la acción de Dios en el los últimos tiempos es la fundación de nuestra preferencia por los pobres en este mundo. Como dijo Cristo: "Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros" (Mt. 19, 30).

31.8.03

Vigésima Segunda Semana: Deuteronomio 4, 1-2.6-8; Santiago 1, 17-18.21-22.27; Marcos 7, 1-8.14-15.21-23

En Deuteronomio, Moisés le proclama a Israel que guardar la Ley de Dios será "vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los demás pueblos" (Dt. 4, 8). En el evangelio, Jesús indica fuertemente a los fariseos que lo que contamina al hombre son "las intenciones malas" que salen del corazón (Mc 7, 21), no la falta de observar las tradiciones de los hombres (Mc 7, 8).

Estas dos lecturas se pueden relacionar a la luz de la lectura de la Carta de Santiago. Santiago declara que la "religión pura e intachable" consiste en ayudar a los pobres y en "conservarse incontaminado del mundo" (St 1, 27). La Carta de Santiago le da énfasis a guardar los mandamientos de Dios para evitar la contaminación del mundo, igual como da Moisés en Deuteronomio y Jesús en el evangelio. Estos mandamientos de Dios son diferentes que las tradiciones de los hombres, como también indica Jesús en el evangelio.

En el ambiente judío religioso de Jesús y Santiago, se destacaban los hombres por medio de guardar las reglas externas de la religión. Jesús y Santiago proponen una nueva base para evaluar a los hombres: el cumplimiento de los mandamientos de Dios con todo el corazón. Ese cumplimiento que sale del corazón es lo que verdaderamente destaca a los hombres y los pueblos, como dice Moisés, "a los ojos de los demás pueblos" (Dt. 4, 8).

Al contrario, en nuestras sociedades que son más seculares e irreligiosas que el ambiente judío de la Biblia, tenemos más abiertamente la tendencia de evaluar a la gente no a base de las observancias religiosas pero a base del poder, la fama, o el dinero. Estas lecturas nos llaman a evaluarnos y a evaluar a otros no a base de estas tradiciones o costumbres de las sociedades humanas pero a base del cumplimiento de los mandamientos de Dios.

En el segundo capítulo de Santiago, vemos la condenación explícita de esta tendencia de juzgar a la genta por cosas meramente externas como el dinero. En ese capítulo, Santiago declara que los que favorecen a los ricos sobre los pobres se hacen "jueces con criterios malos" (St. 2, 4). Igualmente, en el evangelio, Jesús declara que lo que contamina al hombre son las "intenciones malas" que salen del corazón. Estos criterios malos y estas intenciones malas surgen por nuestro abandono de los mandamientos de Dios como el único criterio legítimo de distinguir entre los hombres.

24.8.03

Domingo de la Vigésima Primera Semana: Josué 24, 1-2, 15-18; Efesios 5, 21-32; Juan 6, 60-69

En la lectura primera, Josué da un discurso a los israelitas que estan a la orilla de la Tierra Prometida. Estan ya al entrar a esa tierra despues de los 40 años en el desierto. Josué les presenta el momento de la decisión en el cual tienen que elegir si van a seguir al Señor o si van a seguir a otros dioses. El pueblo declara su decisión para el Señor dando sus razones. Estas razones surgen de su experiencia de conversión, en la cual el Señor los sacó "de la casa de servidumbre" en Egipto y los protegió contra los peligros que les amenazaban en su escape de Egipto. Nosotros también si vamos a escoger al Señor como nuestro dios y abandonar los dioses de la secularidad, del materialismo, del prestigio, del vicio, y de las religiones falsas tenemos que escoger a base de nuestra conversión. Si escogemos a base solamente de razones sociales o por costumbre ciega, la decisión no será permanente. Tenemos que tener experiencia personal de la conversón del pecado. El pecado es nuestro Egipto. Y tenemos que abandonarnos a la voluntad de Dios y dejar la mentalidad del pecado. Y Dios nos salvará y nos dara el poder de conquistar nuestras tentaciones por medio de la renovación de nuestras mentes. Si escogemos al Señor a base de esa conversión personal, entraremos en una tierra nueva y prometida. La recepción de la Eucaristía es el sello de esa conversión y decisión.

En su Epístola a los Efesios, San Pablo compara la relación entre marido y mujer con la relación de Cristo con la Iglesia. El marido es la cabeza del matrimonio, como Cristo es la cabeza de la Iglesia. El marido tiene una relación eucarística con su esposa: es una carne con ella en la misma manera que Cristo tiene la Iglesia como su cuerpo realizado en manera poderosa en la Eucaristía. En las sociedades avanzadas del occidente, la declaración de Pablo que el marido es la cabeza de la mujer se considera un error ofensivo.

En el Evangelio de hoy, los discípulos también consideraron la declaración de Cristo de la realidad de la Eucaristía un escándalo ofensivo. En la lectura de Juan, se recuerda la reacción de los discípulos a su declaración que hay que comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna. Las Escrituras indican que muchos de los discípulos lo abandonaron después de esta declaración. Igualmente, hoy muchos abandonan las enseñanzas claras del Nuevo Testamente porque se ofienden de las partes que no reciben la aprobación de la cultura moderna del occidente, especialmente en Norteamérica y en Europa.

Como los discípulos, esta cultura moderna se ofiende de la realidad de la Eucaristía. El marido solamente puede ser cabeza de la mujer en una manera cristiana si es una relacion basada en la Eucaristía. Digo esto porque San Pablo claramente indica que la relación entre marido y mujer es la misma entre Cristo y la Iglesia. La Eucaristía es el vínculo esencial entre Cristo y la Iglesia: es una unidad eucarística. No se puede entender la concepción cristiana del matrimonio si no se entiende como una relación eucarística en la cual el marido da su cuerpo y su vida entera en sacrificio para la mujer. Este sacrificio total es la fundación esencial de la autoridad del marido sobre la mujer en la familia. Sin ese sacrificio de carácter eucarístico no se puede entender las palabras de San Pablo. Sin ese aspecto de sacrificio, la autoridad del marido queda solamente como un gesto tiránico. Sin ese sacrificio, el marido no es el salvador de la familia y queda como carga en la familia--un resultado aparente en el problema grave del abandono de mujeres y niños.

Igual que como los discípulos no pudieron entender las declaraciones eucarísticas de Jesucristo en el evangelio, también muchos hoy no entienden la autoridad del marido como cabeza de la familia. No entienden la enseñanza sobre la familia porque no entienden la relación eucarística de Cristo y su Iglesia. Si no entienden la Eucaristía, no entienden que la autoridad del marido y todas las otras formas de autoridad cristiana son esencialmente sacrificio y no poderío. Se necesita autoridad en toda realidad humana, incluso la familia, pero el cristianismo ofrece una concepción de la autoridad que no surge de nuestra mentalidad humana. Como los israelitas escuchando al discurso de Josué, tenemos que escoger a cual mentalidad y visión nos vamos a entregar.


17.8.03

Domingo de la Vigésima Semana: Proverbios 9, 1-6; Efesios 5, 15-20; Juan 6, 51-58

En Proverbios, la Sabiduría nos invita a comer del pan y del vino que nos dan vida. En la tradición de la Iglesia, esa Sabiduría en forma femenina es María quien nos invita a compartir del pan y vino eucarístico. Como leímos el viernes pasado en la fiesta de la Asunción de la Stma. Virgen María, María es la mujer "vestida del sol" que nos da el Mesías (Apocalipsis 12). María, como figura de la Iglesia, la Israel Nueva, aquí nos invita a recibir lo que ella primero recibió como madre de Jesucristo.

En el evangelio, continuamos con el discurso eucarístico de Jesucristo en el cual él anuncia que él es "el pan vivo, bajado del cielo" (Jn 6, 51). María como la Sabiduría de Proverbios nos indica y nos apunta a la Verdad y la Vida en el pan y el vino. Ella nos invita a recibir lo que también ella recibió. En el evangelio ya no es la Sabiduría invitándonos, ahora es el Mesías mismo, la Palabra de Dios, que nos anuncia que el mismo es el pan ofrecido por la Sabiduría en el libro de Proverbios.

En la Carta a los Efesios, San Pablo nos advierte que no debemos emborracharnos con vino, como se advierte también en Proverbios 23, 31. Este vino es el vino seductor ofrecido por el mundo, un vino que acaba en la muerte. En cambio, el vino eucarístico a cual nos invita la Sabiduría nos da vida eterna.

10.8.03

Domingo de la Decimonovena Semana: 1 Reyes 19, 4-8; Efesios 4, 30- 5, 2; Juan 6, 41-51

Como el domingo anterior, las lecturas de hoy se enfocan en la eucaristía. Elías está agotado y deprimido por la persecución que le ha caído por la maldad de la reina Jezabel. Cansado de la persecución, pide que Dios lo mate. Pero un ángel viene y le da comida, una torta, que le da fuerza para continuar su jornada, como Moisés, al monte de Horeb donde Dios se le había aparecido a Moisés.

En el evangelio, Jesucristo proclama que él es ciertamente el pan de vida y también se refiere al tiempo de Moisés al decir que los padres de los judíos habían comido el maná en el desierto pero habían muertos. Jesús continua: "Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo" (Jn 6, 51). Amenazados como todo hombre por la muerte, sufriendo persecución como Elías, sintiendo desesperación en frente a las desgracias de la vida y del pecado, necesitamos como Elías un alimento divino que nos da la fuerza para continuar nuestra jornada al monte de Dios. Este alimento divino, un alimento que nos alimenta por la eternidad, es la carne de Cristo en el maná nuevo de la eucaristía. Por eso, la eucaristía es el gran don y privilegio sagrado de cada católico que se convierte del pecado y que recibe la absolución sacramental por sus pecados graves. La eucaristía es el gran alimento que nos da vida eterna, empezando aun en nuestra vida terrestre. La vida eterna de la eucaristía empieza aquí en la tierra y acaba en el cielo y finalmente en la resurrección del cuerpo. Esta transformación surge de una eucaristía verdadera que nos da la carne de Cristo, no una eucaristía simbólica come en el protestantismo, sino una eucaristía verdadera consagrada por los herederos legítimos de los apóstoles.

En la carta a los efesios, San Pablo nos describe, como en la lectura del domingo pasado, la transformación radical que surge en los que comparten de Jesucristo, el pan de vida. En esta transformación somos "imitadores de Dios" que abandonamos todo tipo de maldad. Es una transformación posible solamente por el alimento milagroso del Pan de Vida.

3.8.03

Domingo de la Decimoctava Semana: Éxodo 16, 2-4.12-15; Efesios 4, 17.20-24; Juan 6, 24-35

Las lecturas para hoy son obviamente lecturas eucaristícas. Los cristianos protestantes que no celebran la Eucaristía como rito central de su culto no ven lo que es obvio al católico y lo que hubiera sido obvio a los primeros cristianos que se reunían para la Eucaristía en las primeras etapas de la Iglesia. En el evangelio, Jesús indica la manera de interpretar la lectura del libro de Éxodo. Jesús es el Pan de Vida verdadero que viene del Padre, prefigurado por la maná que Dios le dío a los israelitas en el desierto en el tiempo de Moisés.

Notamos que, como la Eucaristía, la maná se parece al pan pero en verdad no es pan. Igualmente en la Eucaristía lo que recibimos parece ser pan pero en verdad es el cuerpo de Cristo. También podemos notar que los israelitas preservaron parte de la maná que cayo del cielo (véase Éxodo 16, 32-34). Lo perservaron en el tabernáculo descrito en Éxodo 36, 8-19. Esto también prefigura los tabernáculos que tenemos en nuestras iglesias para preservar en una manera noble a Jesús presente en la nueva maná de la nueva alianza.

Si leimos más adelante en el Viejo Testamento, vemos que los israelitas no comieron mas de la maná cuando llegaron a la Tierra Prometida por Dios (Josué 5, 10-12). Igualmente, en la santa misa nosotros, como los israelitas en el desierto, viajamos a recibir al nuevo Pan de Vida. Cuando recibimos la Eucaristía, entramos como los israelitas a la Tierra Prometida. Así vemos una semejanza litúrgica entre la procesión para recibir la Eucaristía en la misa y la jornada de los israelitas hacía la Tierra Prometida. A cruzar esa frontera, estamos transformados en herederos de las promesas de Dios.

En la Épistola a los Efesios, San Pablo nos habla acerca de esta transformación y de esta conversión en la cual renovamos el espíritu de nuestras mentes y en que acabamos como hombres nuevos (Efesios 4, 24). En la Eucaristía, tenemos la culminación de la conversión cristiana. Antes de participar en la Eucaristía, tenemos que arrepentirnos y recibir en el confesionario la absolución de nuestros pecados mortales. Y cuando recibimos a la Eucaristía nos unimos a Jesús que nos protege contra fúturos pecados mortales y que nos quita los pecados veniales.

27.7.03

Domingo de la Decimoséptima Semana: 2 Reyes 4, 42-44; Efesios 4, 1-6; Juan 6, 1-15

Con gran audacia, el profet Eliseo comparte los veinte panes con la gente, aunque su criado le informa que lo que tienen no será suficiente para tantos. Eliseo responde con la promesa de Dios: "Dáselo a la gente y que coman." Las Escrituras entonces dicen: "[C]omieron y dejaron todavía sobras . . . ."

En el evangelio, Jesucristo también multiplica los panes, aunque sus criados, los apóstoles, le indican que la cantidad no es suficiente para la gente presente. Jesús ni toma el tiempo de dar la explicación de Eliseo. Jesús inmediatamente y directamente manda que la gente se recuesten en la hierba, da las gracias a Dios, y reparte los panes y los peces.

Aquí tenemos la gran lección de la vida cristiana: tenemos que tirarnos, con audacia basada en fe en las promesas de Dios, a la misión de Dios aunque nuestros recursos parecen en nuestros ojos y en los ojos de otros absurdamente insuficientes para la misión. Para tal audacia apóstolica, se necesita la obediencia de fe como dice Pablo en la Epístola a Los Romanos. Con esa fidelidad a las promesas de Dios, si podemos tirarnos al mar para pescar (Lucas 5, 4).

En la Epístola a los Efesios, San Pablo habla de la unidad de los cristianos basada en un solo Señor, una sola fe, y un solo bautismo. Nota que la unidad cristiana no surge de nuestros esfuerzos humanos de sociabilidad. No, la unión cristiana surge del poder de Dios dada en el bautismo común. En los versos siguientes de la lectura para hoy, San Pablo habla de los diferentes ministerios que ejercen los cristianos en la Iglesia, ministerios diferentes pero cooperativos. Hoy también algunos, especialmente en los paises más avanzados del mundo, quieren cambiar la estructura divina de la Iglesia, gritando que no hay suficientes sacerdotes para servir la gente de Dios. Estos que gritan son como los criados que miran y ven que los recursos de la Iglesia son insuficientes. La respuesta a estos profetas pesimistas es la fe en las promesas de Dios que nos aseguran que Dios hace milagros de lo que parece insuficiente a los humanos de poca fe. Estos profetas del pesimismo se atreven hasta a proponer la ordenación sacerdotal de mujeres que es contra la constitución divina de la Iglesia. Al contrario, las Escrituras leídas hoy nos indican que tenemos que confiar en la promesa de Dios que habrá una abundancia apóstolica si mantenemos fe en la revelación divina.

20.7.03

Domingo de la Decimosexta Semana: Jeremías 23, 1-6; Efesios 2, 13-18; Marcos 6, 30-34

El profeta Jeremías vivió en tiempos catástroficos para el reino de Judá, tiempos de invasión y de corrupción. Jeremí­as se dedicaba, como otros profetas, a la proclamación del castigo de Dios para el pecado y para la corrupción en el individuo y en la nación. Hoy también muchos de nosotros vivimos en naciones que han abandonado la ley moral de Dios. Y vemos en todas partes las consecuencias desastrosas. En la lectura de hoy, Jeremí­as condena los pastores malos que han dejado al pueblo confuso y perdido. A la misma vez, proclama la promesa de un futuro rey justo que guardará las ovejas de todo peligro y confusión. Hoy mismo vemos algunos pastores falsos en la misma Iglesia que han dejado al pueblo de Dios en confusión hasta el punto de hacer olvidar la realidad grave del pecado como ofensa al Dios Creador. A la misma vez, tenemos por la gracia de Dios pastores fieles-- principalmente al Papa Juan Pablo II que sigue, aunque fí­sicamente agotado, con gran fuerza y vigor espiritual proclamando la verdad profética que tenemos que reconocer y abandonar el pecado contra la ley moral y objetiva de Dios y que a la misma vez tenemos la esperanza de la llegada del Rey Justo, Jesucristo, al fin del mundo.

En la Épistola a los Efesios, San Pablo nos habla de como Cristo ha destruido la división entre los judíos y las naciones para crear un hombre nuevo, reconciliados en un solo cuerpo (Efesios 2, 15-16). Aquí tenemos la realización de la vision mesiánica de los profetas de la antigua alianza. Dios anula la guerras antiguas entre los judíos y las naciones que les atacaban, creando un solo cuerpo, la Iglesia, en que todas las naciones, incluso los judíos propios, encontrarán la salvación y la paz. Igual que Jeremías, nosotros también vivimos en tiempos de inestabilidad, de exilio, y de guerra entre naciones y pueblos. Pero sabemos que pertenecemos a una sociedad permanente y divina que conquistará al mundo entero con la segunda llegada de Jesucristo. Tenemos que mantener esta perspectiva profética sobre todo el desorden que vemos en las sociedades y entre las sociedades: que en fin somos ciudadanos del Cuerpo de Cristo que nunca perecerá.

En el Evangelio de San Marcos, Jesús enseña a la gente que están hambriente por un pastor autoritativo que enseñe la verdad. Jesús pone el ejemplo para los apóstoles que el ministerio y sacerdocio cristiano es una entrega completa para alimentar al pueblo de Dios. Por eso, hoy cuando vemos algunos pastores corruptos que anulan la palabra de Dios con sus enseñanzas falsas y hasta con su conducta inmoral, tenemos que entregarnos más que nunca a la tarea apóstolica de enseñar la verdad y condenar la corrupción que procede del pecado que no reconoce la ley moral de Dios, una ley que nunca perecerá.

13.7.03

Domingo de la Decimoquinta Semana: Amós 7, 12-15; Efesios 1, 3-14; San Marcos 6, 7-13

Amasías, el sacerdote de Betel, ordena al profeta Amós que se vaya del santuario real de Betel y que pare de profetizar en Israel. Amós responde que él no pertenece a los profetas profesionales que profetizan por utilidad y para ganancia. Al contrario, Amós le responde que Dios mismo lo sacó de su trabajo como pastor y vaquero para proclamar la palabra de Dios y el castigo que caerá sobre Israel.

En la Epístola a los Efesios, San Pablo describe a los cristianos como nuevos profetas que conocen el misterio de la voluntad de Dios "según el benévolo designio que en él [Cristo] se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por cabeza . . . ."(Efesios 1, 9-10).

En el evangelio, Jesús le da la misión profética a los Doce enviándolos "de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos" (Mc 6, 7). Como son apoderados y protegidos por Dios, los Doce solamente necesitan llevar un bastón para su viaje y serán testigos autoritativos de Dios con el poder de dar testimonio contra los pueblos que rechazen su mensaje profético. Como Amós, los Doce son escogidos por Dios. No son escogidos por su propria cuenta. Los frutos de esta misión son la expulsión de los demonios y la curación de los enfermos que ungían con aceite.

En este panorama bíbilico vemos la vocación e identidad profética del cristiano que es profeta porque conoce el designio divino de recapitular toda realidad en Cristo como cabeza de todo en el cielo y en la tierra. Específicamente, vemos la misión apóstolica que se continua hoy en los obispos de la Iglesia como sucesores de los Doce y especialmente en el sucesor de Pedro en Roma. Como Amós y los Doce, los obispos son escogidos por Dios por medio de la Iglesia y no se escojen ellos mismos para ganancia o utilidad personal. También vemos ya el sacramento de la Unción de Enfermos ordenado por Jesucristo. Tenemos el privilegio de contar como católicos con la continuación de la misión profética y apóstolica en el obispado y con el mismo poder sacramental manifestado en el ministerio apóstolico original.

6.7.03

Domingo de la Decimocuarta Semana: Ezequiel 2, 2-5; 2 Co. 12, 7-10; Marcos 6, 1-6

Las Escrituras de este domingo nos manifiestan el criterio divino para el éxito del creyente en este mundo. El Señor manda al profeta Ezequiel a los israelitas para hablarles en el nombre del Señor y le indica el criterio divino para el profeta: "Y ellos [los israelitas], escuchen o no escuchen, ya que son casa rebelde, sabrán que había un profeta en medio de ellos" (Ez. 2, 5). No es importante para el éxito de la misión del profeta si lo escuchen. Lo que es importante es que el profeta cumple la misión que el Señor le ha entregado.

Igualmente, vemos el Apóstol Pablo declarando dramaticamente en la Segunda Epístola a los Corintios que en su debilidad manifestada en los insultos y rechazos que ha sufrido en sus viajes misioneros se ve el poder de Dios. Pablo declara: "Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte" (2 Cor. 12, 10). En la debilidad del creyente se manifiesta el poder de Dios. En el rechazo al evangelio se manifiesta la verdad del evangelio. Por esto, el criterio esencial del creyente es fidelidad al mensaje de Dios y no popularidad con la sociedad.

En el evangelio, Jesucristo mismo es rechazado por su propio pueblo de Nazaret. El rechazo de Nazaret es tan grande que el Señor "se maravilló de su falta de fe" (Marcos 6, 6a). Pero como el profeta Ezequiel y como su Apóstol, el Señor continuó su misión recorriendo "los pueblos del contorno enseñando" (Marcos 6, 6b).

Para nosotros es claro que tenemos que perseverar con fidelidad en la proclamación de la verdad cristiana aunque resulte en insultos y rechazos. En esos mismos insultos y rechazos se confirma la verdad del mensaje, la verdad que es el poder de Dios.

29.6.03

San Pedro y San Pablo, Apóstoles: Hechos 12, 1-11; 2 Tm 4, 6-8.17-18; Mateo 16, 13-19

En esta solemnidad celebramos los dos apóstoles más grandes de la Iglesia. Pedro, la piedra de la Iglesia, que ejerce los supremos poderes pastorales dados a él por el mismo Jesucristo, y Pablo el apóstol destinado por Dios para predicar el evangelio a todas las naciones. En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, vemos como el ángel de Dios libera a Pedro que se encontraba en la cárcel de Herodes. Ya vemos la providencia divina preservando a Pedro hasta que llegue a Roma donde sufrirá el martirio que establece la preeminencia de Roma en la Iglesia. A la misma vez, vemos la potencia real de la oración intercesoria de los cristianos cuando San Lucas escribe que "la iglesia oraba insistentemente por él a Dios" (Hechos 12, 5). En este detalle, San Lucas nos confirma que como cristianos afirmamos que nuestras oraciones toman un papel efectivo en los diseños de la providencia divina que cambia la historia de los hombres.

En la lectura de la Segunda Carta a Timoteo, San Pablo escribe las palabras lí­ricas que resumen emocionalmente su vida como apóstol a los gentiles. Como en la vida de Pedro, vemos en la vida de Pablo la intervención de Dios para preservarlo de todo peligro hasta el momento determinado de su martirio, también en Roma. Pablo escribe que "[e]l Señor me librará de toda obra mala y me salvará guardándome para su Reino celestial" (2 Tm 4, 18). Otra vez vemos la fe en la providencia de Dios que nos protege para poder alcanzar nuestro destino y vocación como cristianos y apóstoles.

En el evangelio de San Mateo, Jesucristo declara a Pedro la piedra donde edificará su Iglesia (Mateo 16:18). Desde los primeros siglos de la Iglesia, se ha entendido que la "piedra" significa la fe de Pedro en Cristo, el Hijo de Dios, y también el primado personal de Pedro como pastor supremo de la Iglesia. El primado personal dado a Pedro se manifiesta también en la declaración siguiente en versículo diecinueve donde Jesucristo le da a Pedro "las llaves del Reino de los Cielos" y declara que "lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos." El comentario sobre este versí­culo de la Biblia de Jerusalén indica la importancia de tal declaración: "Atar y desatar, en el lenguaje de los rabinos, es condenar y absolver, prohibir y permitir. Pedro, mayordomo de la Casa de Dios, tiene el poder disciplinar de abrir or cerrar el acceso al Reino, . . . , y de administrar la comunidad con decisiones, que serán ratificadas por Dios."

Consecuentemente, vemos en las lecturas de hoy el desarollo de la providencia divina que preserva a Pedro de todo peligro hasta que llegue a Roma donde con su martirio quedará el legado de su primado para el futuro. También vemos la protección divina de San Pablo que igual que Pedro será protegido hasta su martirio en Roma. La preeminencia de Roma asi queda establecida por la sangre de los dos apóstoles más grandes de la Iglesia: con la sangre de Pedro que establece la preeminencia de Roma en el gobierno de la Iglesia y con la sangre de Pablo que establece la preeminencia de Roma en la predicación del evangelio a todo el mundo.

22.6.03

El Cuerpo y La Sangre de Cristo: Éxodo 24, 3-8; Hebreos 9, 11-15; Marcos 14, 12-16, 22-26

En el libro del Éxodo, Moisés "tomó la sangre, rocío con ella al pueblo y dijo: 'Ésta es la sangre de la Alianza que Yahvé ha hecho con vosotros, de acuerdo con todas estas palabras' ". Las palabras que habían oído eran los mandamientos y las normas del Señor.

La sangre usada por Moisés para ratificar la Alianza con el Señor era la sangre de animales sacrificados en un altar "con doce estelas por las doce tribus de Israel". En el evangelio, vemos la preparación de la cena pascual que Jesús comerá con los doce apóstoles. La mesa de la cena pascual será el nuevo altar con "doce estelas" nuevas que serán los doce apóstoles. En esa cena, Jesús proclamará con palabras que recuerdan a las mismas usadas por Moisés: "Ésta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos" (Marcos 14, 24). Este nuevo sacrificio, ya no de animales pero del único Hijo de Dios, ocurre después que han recibido los apóstoles los nuevos mandamientos de Dios durante el ministerio público de Jesucristo.

En la Epístola a los Hebreos, se celebra la mayor potencia de la sangre de Cristo comparada con la sangre de los animales sacrificados bajo la vieja alianza: "¡cuanto más la sangre de Cristo . . . purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto al Dios vivo!" (Hebreos 9, 12).

Esto es lo que celebramos con alegría hoy: que estamos purificados por la sangre de Cristo "consiguiendo una liberación definitiva" (Hebreos 9, 12). La nueva alianza es definitiva porque vino por el sacrificio del Hijo de Dios. Nos trae la liberación de la muerte que es producto del pecado. Y con esta purificación empezamos a vivir aun en la tierra en el reino nuevo de Dios que será realizado completamente cuando este mundo material será convertido a una nueva creación al fin de la historia.



15.6.03

La Santísima Trinidad: Deuteronomio 4, 32-34.39-40; Romanos 8, 14-17; Mateo 28, 16-20

La Solemnidad de la Santísima Trinidad nos expone el corazón literal de la doctrina cristiana. Hoy en día la gran mayoria de los que se llaman cristianos, sean católicos, protestantes, pentecostales o de las iglesias orientales, afirman que hay tres personas, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, en un solo Dios todopoderoso. El bautismo en el nombre de la Trinidad nos une con millones afuera de la Iglesia Católica. La Iglesia enseña que tal bautismo común crea una relación imperfecta e incompleta pero todaví­a verdadera para cada unos de estos millones con la Iglesia Católica. Es ciertamente un milagro que tantos, a pesar del desarollo de tantas diversas doctrinas y costumbres, han mantenido la fe en la Trinidad. Por cierto podemos decir que esta solemnidad que celebaramos hoy es una celebración profundamente ecuménica.

En Deuteronomio, vemos la proclamación de Dios todopoderso "alla arriba en el cielo, y aquí­ abajo en la tierra" (Dt 4, 39). Igualmente oimos las palabras del Jesús resucitado a los apóstoles: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra" (Mt 28, 18). Jesús es igual a ese mismo Dios todopoderoso proclamado en la Torá que domina el cielo y la tierra. En su Carta a los Romanos, San Pablo entonces nos habla del Espíritu de Dios que nos permite "exclamar: ¡Abbá, Padre!" (Rm 8, 15) juntos con Cristo el Hijo de Dios (Rm 1, 1-4). Y finalmente con las palabras del formulario bautismal Jesucristo proclama juntos: Padre, Hijo y Espíritu Santo (Mt 28:19). Las Escrituras nos gritan de la Trinidad, aunque tomó varios siglos para que la Iglesia hablara con precisión sobre las relaciones de las personas de la Trinidad. Pero como católicos también creemos que ese proceso de expresar con más precisión el misterio de la Trinidad fue producto del mismo Espíritu Santo que forma parte de la Trinidad bíblica.

8.6.03

Domingo de Pentecostés: Hechos 2, 1-11; Corintios 12:3-7.12-13; Juan 20, 19-23

En la primera lectura de los Hechos, el don del Espíritu Santo hace posible la proclamación de "las maravillas de Dios" a los judíos y prosélitos congregados en Jerusalén por la fiesta judí­a de Pentecostés desde las diversas naciones de la diaspora (Hechos 2, 11). Los comentaristas nos indican que en esta proclamación en todas las lenguas del mundo conocido tenemos la revelación de la unidad nueva por medio del Espí­ritu Santo que surge en el mundo en contraste con la división original de los pueblos que se ilustra en la historia de la torre de Babel (Génesis 11, 1-9). Esta memoria de la división lingüistica original queda recordada en manera curiosa por el hecho que en España todaví­a se conoce el dialecto de los asturianos come el "babel."

Para nosotros, "babel" todaví­a significa confusion. Con el Espí­ritu Santo, llega finalmente la claridad. ¿Cuál es el contenido de esta proclamación que nos trae la claridad universal? La referencia en esta parte de los Hechos es a la proclamación de "las maravillas de Dios." En el discurso de Pedro a la gente despúes de la llegada del Espí­ritu con el don de lenguas, Pedro proclama a "Jesús el Nazareno, hombre acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y signos . . . . " (Hechos 2, 22). El contenido de las lenguas de Pentecostés es la proclamación, llamada en el griego neotestamentario el kerygma, de las maravillas de Dios en la vida y muerte de Jesús culminando con la maravilla de las maravillas, la Resurrección.

En la Primera Epí­stola de San Pablo a los Corintios, Pablo nos dice claramente que "nadie puede decir: `¡Jesús es Señor¡ sino movido por el Espí­ritu Santo" (Corintios 12, 3). La manifestación del Espí­ritu Santo es fundamentalmente esta proclamación de la señorío universal de Jesucristo. Las maravillas proclamadas en Pentecostés afirman esta señoria de Jesucristo sobre todas las naciones.

En el evangelio, San Juan transmite la historia de la aparición del Jesús resucitado a los discí­pulos. Lo primero que occure es que Jesucristo les muestra "las manos y el costado" para confirmar su identidad. Otra vez, se muestra el papel clave de la realidad de la Resurrección verdadera y corporal de Jesucristo. Jesús entonces les otorga el don del Espí­ritu Santo diciendoles que "[a] quienes perdonéis los pecados, se quedan perdonados, a quienes se los retengéis, les quedan retenidos" (Juan 20, 23). En la tradición de la Iglesia, aquí­ Jesús instituye el sacramento de la confesión por cual los successores de los apóstoles en el sacerdocio ministerial perdonan los pecados en el nombre de Jesucristo actuando en la persona de Cristo. Aquí­ también esta otro tema esencial de la proclamación apostólica de Pentecostés: la conversión y el perdón de los pecados en Jesucristo también indicado en el discurso de Pedro (Hechos 2, 38).

En resumen, las lecturas de hoy nos indican el contenido comunicado a los peregrinos de la diaspora en el dí­a de Pentecostés: este Jesús aprobado por Dios por el hecho de las maravillas de Dios terminando en la maravilla de las maravillas, la Resurrección, es el Señor de la creación entera y por este mismo viene el perdón de los pecados por medio del ministerio apostólico.

Nota: De ahora en adelante, la edición de la Biblia usada en estos comentarios dominicales es la Biblia de Jerusalén, nueva edición revisada y aumentada (Bilbao: Desclée de Brouwer 1998). Se puede obtener en Pauline Books & Media (www.pauline.org).

6.6.03

Artículos de New Oxford Review en Español


La revista norteamericana New Oxford Review, una revista católica de perspectiva ortodoxa (en el mundo del católicismo norteamericano es lamentablemente necesario definir la perspectiva con precisión), anuncia en su más reciente edición que ofrece gratis artículos de sus páginas en español en su sitio de internet. El enlace es www.newoxfordreview.com. O puede usar este enlace para llegar directamente a la sección en español: New Oxford Review.

1.6.03

La Ascensión del Señor: Hechos de los Apóstoles 1, 1-11; Efesios 1, 17-23; Marcos 16, 15-20

La oración colecta de hoy nos da un prisma de gran alcance para comprender las lecturas de hoy: "su triunfo es también nuestra victoria, pues a donde llega el, nuestra cabeza, tenemos la esperanza cierta de llegar nosotros, que somos su cuerpo." Este acoplamiento profundo entre la colecta y las tres lecturas bí­blicas acenta la esencia bí­blica de la Misa: los rezos litúrgicos señalan a las Escrituras, y las Escrituras apuntan a los rezos litúrgicos, formando juntos un servicio bí­blico integrado.

En la primera lectura de los Hechos, los apóstoles preguntan a Jesús si va a restablecer el reino a Israel. Jesús en efecto les dice que ellos son los que establecerán el Reino de Dios, la nueva creación, como testigos a "los últimos rincones de la tierra" después de que hayan recibido el Espí­ritu Santo. Siendo testigos en el Espí­ritu Santo, los apóstoles causarán la entrada de la nueva creación en la tierra, "el Reino del Dios" de cual Jesús les dio instrucciones por cuarenta dí­as después de su pasión. Este periodo de la preparación de cuarenta dí­as recuerda los cuarenta dí­as que Moisés pasó en el monte de Sinai­ recibiendo instrucciones de Dios (Éxodo 24, 18) y los cuarenta dí­as de la tentación de Jesús en el desierto al principio de su ministerio (Lucas 4, 1-2).

En la segunda lectura de la carta de Pablo a los efesios, Pablo ruega que Dios le conceda el Espíritu Santo a los efesios para aclararles que son parte de la iglesia, el cuerpo de Cristo. Los efesios a través de la iglesia son parte del cuerpo y "la plenitud del que lo consuma todo en todo" (Efesios 1, 23). La iglesia es la plenitud o, en griego, pleroma de Cristo en la nueva creación.

En el Evangelio de San Marcos, Jesús, antes de su ascensión al cielo, pide que los apóstoles "prediquen el Evangelio a toda criatura" (Marcos 16, 15). Una vez más son los apóstoles, a través de las muestras que se presentan por el poder del Espí­ritu Santo, que establecerán la nueva creación por la predicación del Evangelio a toda la creación. En conclusión, testificando al Evangelio, nosotros seguimos, según lo indicado en la oración colecta, a Jesús en la nueva creación como su cuerpo en la tierra.

30.5.03

Estadísticas Sobre La Iglesia Católica en El Mundo

Aquí están algunas de las figuras tomadas de un artículo reciente del Servicio Católico de Noticias (Catholic News Service).

Para cada región, tenemos los porcentajes de católicos, de sacerdotes, y de seminaristas para el año 2000 que se encuentran en esa región:

En Africa: el 7% de católicos; el 12% de sacerdotes; el 18% de seminaristas.

En América Latina: el 42% de católicos; el 15% de sacerdotes; el 28% de seminaristas.

En Asia: el 10% de católicos; el 10% de sacerdotes; el 24% de seminaristas.

En EE.UU. y el Canadá: el 7% de católicos; el 15% de sacerdotes; el 5% de seminaristas.

En Europa: el 27% de católicos; el 52% de sacerdotes; el 24% de seminaristas.

Las figuras para América Latina indican el papel significante de esta región cultural para la Iglesia. Es la región con la mas alta concentración de católicos en el mundo. Ud. puede leer más sobre estas figuras en el Catholic News Service en inglés en la sección de "News Briefs" bajo la fecha 14 de mayo de 2003. (Los que desean pueden usar el "Google Translation Tool" para traducir al español el artículo en inglés; como verán, este método de traducir no es perfecto.)

28.5.03

El Papa en Tierras Españolas

Aquí tenemos algunas de las palabras del papa durante su viaje reciente a España (según el articulo de Zenit.org titulado "Adiós, España! Adiós, tierra de Maria!" [ 5/4/03 ]):
Nos encontramos en el corazón de Madrid, cerca de grandes museos, de bibliotecas y de otros centros de la cultura fundada en la fe cristiana que España, parte de Europa, con su organización, podía ofrecer a América y más adelante a otras partes del mundo. Así, el lugar evoca la vocación de los católicos españoles para ser constructores de Europa y para estar en solidaridad con el resto del mundo. España Evangelizada. España Evangelizando. Ésta es la manera.

Como ha hecho en muchos viajes a España y a otras naciones, el papa destaca la vocación específicamente cristiana de las naciones, especialmente las naciones de habla hispana, sea España o México o aún Cuba.

Si miramos al mundo de hoy, vemos el cristianismo siendo culturalmente prominente en Europa, en la gran masa eurasiática de Rusia, en África, en las Islas Filipinas, en Australia, en Nueva Zelanda, y en el hemisferio occidental. Sin la edad de la exploración americana lanzada por España con Colón en 1492 y seguida por la otra potencia iberica Portugal, el hemisferio occidental, donde reside el bulto de los católicos del mundo, no sería católico hoy. El portugués ibérico también trajo el catolicismo a partes de la África negra y a sectores de la India y China. Y hoy el Brasil es la nación católica más grande del mundo. Los españoles, como los portuguéses, eran también activos en Asia y por 1571 ya se habían establecido en las Filipinas, que seguían siendo hasta hace poco tiempo el único país asiático que era predominantemente cristiano. Con la independencia en 2002 de Timor del Este, que fue colonizado por los portuguéses, ahora tenemos un segundo país cristiano asiático (véase reporte de la Australian Broadcasting Corp. Asia/el Pacífico).

En nuestra sociedad anglocentrista en los EE.UU., enfocada naturalmente en la lengua y el patrimonio cultural de las islas británicas, han aparecido libros referiendose a cómo los irlandéses "salvaron a la civilización" o cómo los escoceses crearon el mundo moderno, documentando partes importantes de la historia cultural occidental. Pero la historia del cristianismo y especialmente del catolicismo de hoy es una historia ibérica con un acento español. Para nosotros en los EE.UU., la importancia de esta historia del catolicismo ibérico es una realidad diaria. Los Estados Unidos ha sido el heredero de la cultura protestante de la ilustración de las islas británicas. Hoy, la presencia de los hispanos está haciendo los EE.UU. heredero del catolicismo ibérico.

Esta transformación hará de los EE.UU. una nación decididamente más católica. La corriente irlandesa tradicional del catolicismo en los EE.UU. era una minoría inevitable en el torrente cultural protestante que vino de las islas británicas. (Es interesante notar que España, entre otros países europeos, desempeñó un papel en ayudar a mantener Irlanda católica durante la época de la reforma protestante con el establecimiento de colegios irlandeses en Europa para el entrenamiento del clérigo irlandes; el colegio irlandes en Salamanca, España, fundado a cerca de 1592 funcionó hasta el ano 1955).

Con la llegada de los hispanos, el catolicismo es la cara cultural primaria de los que vienen a las fronteras de los EE.UU. Este fenómeno demográfico plantea muchas preguntas. ¿Seguirán los hispanos siendo católicos en frente de las muchas alternativas evangélicas y protestantes en los Estados Unidos? ¿Traerán los hispanos su propio catolicismo piadoso y distintivo para substituir gradualmente el liberalismo insípido que infecta muchas partes del catolicismo norteamericano asimilado? Ésas son grandes preguntas apostólicas para todos los católicos en la América de hoy. Cuando el papa visita España y recuerda a España su misión de evangelizar el mundo, él también en efecto se está dirigiendo a los católicos de todas las naciones americanas que ahora están llamados para tomar un papel clave en la gran misión de evangelizacion que originó en la península ibérica hace 500 años. Por lo tanto vivimos en una imporante época apostólica con grandes oportunidades y transformaciones históricas.

27.5.03

La Intención de este Sitio

La intención de inaugurar este nuevo sitio es servir a los hispanos adentro y afuera de los estado unidos que son católicos o que por cualquier razón se encuentran fuera o lejos de la iglesia católica.

Cada semana esperamos añadir comentarios sobres las lecturas bíblicas indicadas para uso en la misa dominical. En vez en cuando también tendremos artículos de interés especial a católicos hispanos. El sitio compañero en inglés de Análisis Católico es Catholic Analysis que se encuentra en el enlace a la derecha. Igual como su sitio compañero, Análisis Católico se dedica a servir en fidelidad a las enseñanzas de la iglesia católica contenidas en el Catecismo de la Iglesia Católica y en fidelidad a las enseñanzas del Papa Juan Pablo II.

El impulso de iniciar este nuevo apostolado laical es la realidad que los hispanos forman una gran parte de la población católica mundial y la realidad que tomarán en el futuro un papel más clave en los asuntos de la iglesia universal. También es importante darle énfasis que la Iglesia Católica celebra y nos invita a leer, estudiar, y contemplar la palabra de Dios en la Biblia para nuestra formación cristiana. El primer comentario aparecerá el proximo domingo, el primero de junio.